27 febrero 2006

El rey reinante



La paciencia es un grado que aún no poseo. El tiempo siempre pudo conmigo.
Mientras tanto, sigo soñando. No esperando, soñando. Siguiendo el ejemplo de Midas. Esperar me exaspera.

Midas dormía. Soñaba con su reino céreo de mantequilla salada. Él nunca fue un hombre dulce. Pero era tierno, que no es lo mismo. Odiaba, por ejemplo, el algodón de azúcar. El Malibú con piña. Y los "Vertes" original que tanto le gustan al niño del anuncio.
Midas no fue siempre Midas. En el principio, se soñó a sí mismo, como todos nos hemos soñado alguna vez. Se soñó a sí mismo, y nacieron sus manos de mantequilla, que inundaron todo lo que tocaba. Que crearon su propio cuerpo. Unas manos en el vacío, que insuflaron de color un mundo sin ternura. Un demiurgo condimentado a base de sal. Hecho de cera. ¿O era mantequilla?

3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Que tengan que venir "ingenieros" a cimentar pilares de cera... ¿o eran de mantequilla? xD

00:00  
Blogger Raul said...

Cuidado con el demiurgo: se suele disfrazar, y nunca es lo que aparenta. Ni mantequilla, ni cera, ni azúcar.


De todas formas, sueña hasta que se fundan los límites de la realidad y lo onírico.



Me alegro del regreso, ya te daba por desaparecida.

23:28  
Blogger Decadence said...

Anduve con Midas entre mundos y se me pasó la hora...
Qué bueno verte por aquí de nuevo :)

Abrazos de mantequilla salada

23:35  

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